Ataxia y Taichi

Hola amigos

Mi nombre es Juan y hace casi cinco años fui diagnosticado de ataxia, más concretamente, de un tipo de ataxia esporádica de adulto, es decir, sin causa aparente. Se trata de Atrofia Multisistémica (AMS por sus siglas en español o MSA por sus siglas en inglés, con las que es más conocida). Os podéis imaginar mi desolación cuando me dijeron que mi enfermedad no tenía remedio y que era degenerativa. Pero justo en ese momento surgió esa mano amiga que todos necesitamos en algún momento. En mi caso, fue una doctora especializada en rehabilitación que me dijo que con el Taichi (o Taiji) podía hacer que mi enfermedad fuera más despacio. Me agarré a eso como un clavo ardiendo y comencé a practicar Taiji.

Y hoy en día, después de más de cuatro años de práctica de Taiji no solamente es que haya hecho que mi ataxia se ralentice, sino que, además, he podido controlar muchos aspectos de mi cuerpo que antes no era capaz de controlar.

El Taiji es un arte marcial. Eso significa que en su origen servía para combatir. Incluso hoy en día, oculto en esos movimientos tan lentos y armoniosos, existe una finalidad de combate. Pero es de las pocas artes marciales internas. Esto quiere decir que todo movimiento que se hace en ella parte del interior para llegar al exterior. En conclusión, no es una simple coreografía, que es lo que puede parecer a alguien que lo ve practicar. Y como buen arte marcial, lo primero que intenta es que estés afirmado en el suelo. Tienes que poder echar tus raíces en el suelo (eso dicen los maestros chinos) para poder salir hacia fuera, como un árbol con sus ramas. Es decir, lo primero que hace el Taiji es conseguir asentarte en el suelo. ¿Os suena? Yo no sé la sensación que vosotros tenéis, pero la mía es de que el mundo corriera a distinta velocidad que yo. Así que, cuando eso ocurre, me tengo que agarrar… Antes era incapaz de caminar llevando en mis manos una bandeja. Caminando como se hace en Taiji conseguí hacerlo. Y ahora lo hago sin darme cuenta. Primera ventaja.

Pero es que, como podéis observar por el párrafo anterior, lo que se consigue con el Taiji es tener un patrón muscular con el que hacer las cosas. Últimamente me horrorizaban las escaleras mecánicas cuando las uso para bajar. Bueno, todos nosotros tememos en mayor o menor medida las escaleras de cualquier tipo cuando las bajamos, ¿verdad? Pero lo que he descubierto es que poniéndome en postura de atención en Taiji, con las rodillas un poco flexionadas y con la cadera en retroversión, estoy mucho más firme. Y entonces, las escaleras mecánicas ya no me dan miedo. Segunda ventaja.

Otro problema que tenemos los que padecemos ataxia es que el tono muscular, sobre todo de nuestras piernas (cuádriceps e isquiotibiales principalmente), se va perdiendo poquito a poco. Como digo arriba, el Taiji comienza en las piernas, asentando tu cuerpo en el suelo. Y para ello usa tus piernas y las fortalece. Tercera ventaja.

Ahora viene cuando me decís: “Ya, pero por lo que tú dices, aún no usas silla de ruedas”. Cierto. Me manejo usando dos muletas para que me sirvan de apoyo cuando el mundo gira a distinta velocidad que yo. Pero ahí está la belleza y la grandeza del Taiji. Un maestro me dijo que el Taiji era un deporte hecho a la medida del que lo practica, no al revés. Y hay Taiji que se puede hacer sentado. Yo le he practicado y os puedo asegurar que se suda tanto o más como cuando se practica de pie. Cuarta ventaja.

Eso sí, de ese mismo maestro también aprendí un proverbio chino que dice “Cien veces me caí, ciento una me levanté”. La perseverancia tiene que ser una de vuestras virtudes. Porque sin perseverancia no se consigue nada. Y lo mejor de todo es lo que mi maestra me enseñó al poco de conocernos. Y es que lo que conseguimos, por pequeño que sea, es mucho más hermoso y gratificante cuando tú mismo te dices “eso no lo voy a poder hacer yo en la vida, porque mi cuerpo roto no me va a permitir hacerlo”. Y es muy gratificante porque es lo que uno se lleva a casa después del cansancio, de caerse y volver a levantarse y de esforzarse ese poquito más para intentar hacer las cosas bien. Y os puedo asegurar que merece la pena intentarlo, al menos intentarlo. Hacer de cada día un reto y conseguir poco a poco superarse a uno mismo. Hacer que tu mente pueda a tu cuerpo.

Esta es mi experiencia personal con el Taiji, pero hay estudios hechos en los que se ve su buena acción para controlar el equilibrio en el cuerpo (uno de nuestros problemas, ¿no?) y que puede ser muy interesante para los pacientes de Parkinsonianismo (desgraciadamente, mi enfermedad cursa con algún síntoma de esta última).

Os animo desde aquí a practicar Taiji. En China lo practica gente de todas las edades y condiciones físicas. Y para practicarlo solo hace falta unas zapatillas con la suela blanda (o una silla, si uno lo practica sentado). Pero es que además de las ventajas que os he intentado transmitir en esta pequeña reseña hay otras muchas que poco a poco irás descubriendo, puesto que cada uno tiene su propio Taiji… Y cuando lo descubres, es, como decían los grandes Queen, “una especie de magia” que te engancha y ya no te suelta.

¿El peligro? Que se puede convertir en un vicio, sano, pero vicio… ¡Doy fe!

 

Juan Conesa Arias

jconesaa@gmail.com

 

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