Las cosas siguen parecidas

 

Hay cosas que hoy día cambian a velocidad vertiginosa. Si te paras a pensar en los avances que hace nada eran inimaginables sientes esas cosquillas que tienen por costumbre recorrer el cuerpo de los mortales cuando se asoman a un abismo, y necesitas agarrarte a algo para no caerte, incluso si estás sentado de continuo como es el caso del que suscribe este editorial y de muchos de los que lo leen.

 

No obstante, hay otras que van a velocidad caracol. Avanzan sí, pero a paso lento, parsimonioso, cansino… hasta tal punto que no se observa variación e incluso no cambian desde tiempos envueltos en esa neblina que desdibuja o difumina los bordes de la realidad. Como si estuvieras observando el pasado remoto, algo arcaico.

 

En este sentido, revisando nuestra hemeroteca, hace catorce años de nada, nos hacíamos eco de lo publicado en el informe “Discapacidad y Asistencia Sanitaria”, presentado por el CERMI (Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad). En él se  destacaba que “el sistema sanitario español desconoce en gran medida las demandas de salud de las personas con discapacidad, ya que no las percibe como usuarios cualificados de salud ni sabe administrar la diferencia de los mismos”. 

 

Pues resulta que si eso era cierto entonces, una verdad como la copa de un pino piñonero, sigue parecido en la actualidad, e incluso nos atrevemos a afirmar que tal aseveración se queda corta.

 

No es la primera vez, por ejemplo, que cuando un paciente de ataxia es ingresado en un hospital casi se le envía al otro barrio poniéndole una medicación equivocada no ya por un desconocimiento de esta nuestra enfermedad, que ya es delito, sino por no tener la paciencia de escuchar al paciente con calma.

 

 Por desgracia, pocos sanitarios saben que una disartria no significa que alguien esté como una cuba, que hay enfermedades que no tienen nada que ver con el alcoholismo que comparten este síntoma. Parece que se sigue la tónica general de la calle y porque alguien hable mal ya no tiene nada serio que decir. 

 

Hay pocas cosas que hagan sentir peor a un atáxico que hablen con su acompañante de cosas que le conciernen a él. No hay peor agravio que se dirijan a la persona que te acompaña y  que le expliquen las cosas como si tú no estuvieras presente, o como si no alcanzaras a entender temas tan profundos…Y no te digo nada cuando es alguien que apenas te conoce, simplemente te acompaña. Pues bien, eso sigue ocurriendo hoy día en la vida diaria, pero más de lo deseable en las consultas médicas, lo cual es más lamentable, lacerante e incluso peligroso.

 

Ya sabemos, porque hemos tenido de constatarlo en múltiples ocasiones, que la silla de ruedas provoca el superpoder de la invisibilidad. Eso, es muy triste y ocurre a menudo en la calle, pero es más doloroso y humillante cuando esto ocurre en un centro sanitario, que debería ser, el “santo santorum” de la salud. Se supone que, mejor allí que en ningún otro sitio, conocen  a la perfección el cuerpo humano, su grandeza y también sus miserias y limitaciones. Así pues, deberían conocer al ser humano en todas sus circunstancias y no olvidemos que la discapacidad no es ni más ni menos que eso, una circunstancia.

 

Y no esperamos que las cosas cambien de un día para otro. No somos impacientes. Pero es que pasa el tiempo implacablemente y no se observa atisbo alguno de cambio en este tipo de conductas que, cuando menos, resultan poco edificantes. No son nada favorecedoras de la inclusión social y, sobre todo, contribuyen a hundir la precaria autoestima del enfermo atáxico.

 

Sin ir más lejos, y a pesar de las leyes de accesibilidad universal, todavía hoy, hay que conmiserarse con el pobre del discapacitado, en general, que necesite un servicio adaptado en muchos de los hospitales españoles. Es cierto que algo se ha avanzado y ya suelen existir en todos, pero pocas veces, por no decir nunca, están a mano junto a los demás. Siempre suelen estar en la otra punta. 

 

Si tienes alguna discapacidad, y por ello necesitas unas medidas especiales, sujeciones, etc. no puedes aligerar líquidos o sólidos como cualquier otra persona, pues tienes que recorrer millas hasta que consigues llegar. Esto te hace pensar que lo hacen para evitar gastos en otros servicios médicos, como el de rehabilitación, porque de esta forma entrenas, sin coste para el Sistema Nacional de Salud, el control de esfínteres.

 

Es curioso, pero es más fácil encontrar un servicio adaptado en lugares que, paradójicamente, atentan contra la salud con su comida basura que en hospitales que se supone están para cuidarla. 

 

El disca ya tiene callo en salva sea la parte y sabe que, muchas veces a pesar de las muchas barreras arquitectónicas que sigue habiendo, hay más “obra social” (es decir, WC adaptado) en una famosa cadena de hamburguesas que en todo un señor hospital de renombre. Y si puedes elegir, hacia allí diriges tus desesperadas ruedas sin pensártelo dos veces, pues en esas circunstancias las neuronas que te quedan están concentradas en mantener secas otras partes del cuerpo…

 

En fin que las cosas, si bien van cambiando con el tiempo, lo hacen a tal ritmo que parece que todo sigue igual. Al igual que las placas tectónicas que dice los geólogos que se mueven un promedio de 2,5 cm al año y no nos damos cuenta… tienen que pasar muchos millones de años para que gracias a ese mínimo movimiento nazca una hermosa montaña. 

 

Esperemos que lo dicho antes cambie algo más rápido…