La mujer que está consiguiendo que sus pacientes vuelvan a andar usando la realidad virtual

CHARO ORTÍN HA DESARROLLADO UN PIONERO MÉTODO DE NEUROREHABILITACIÓN

Fuente, 17/07/2017

No se trata solo una teoría o el esbozo de un proyecto; desde el Centro Foren de Madrid aseguran que su método de neurorehabilitación basado en la realidad virtual ya ha conseguido resultados sorprendentes en pacientes con lesiones motoras sobrevenidas por enfermedades o accidentes.

Su creadora es Charo Ortín, una terapeuta que empezó a interesarse en los misterios del cerebro de una manera bastante casual. Casual porque en realidad su vida iba encaminada en una dirección muy distinta. En el año 2000, Ortín estudiaba Educación Social y hacía un voluntariado en una casa de acogida para reclusas en tercer grado. Allí se percató de algo que despertó su curiosidad. “Me sorprendió enormemente que esas mujeres daban la luz y no la apagaban; abrían el agua para ducharse y no la cerraban; encendían el fuego y no lo cortaban. No acababan las secuencias. Las propias presas me contaron que era porque en la cárcel todo está automatizado: te abren y cierran las puertas, te encienden y apagan las luces y el agua. Y el cerebro olvida cómo hacerlo. Me quedé fascinada. Me enamoré del cerebro y de cómo aprende y desaprende”, cuenta. “Dejé la carrera y empecé Terapia Ocupacional, que es un híbrido entre psicología y fisioterapia, porque me interesaba mucho cómo la acción influye en el cerebro”. Además, se doctoró cum laude en Neurocontrol Motor e hizo un master en Patología Neurológica en la Rey Juan Carlos de Madrid.

Ayudar a las personas que han perdido el movimiento a recuperarlo, a volver a ponerse de pie, comer solos o hablar, se convirtió en su objetivo. Hace diez años fundó Foren, un pequeño centro privado de rehabilitación situado en Tres Cantos, al norte de Madrid. Allí atienden a pacientes con demencia o parálisis cerebral, pero sobre todo casos de ictus, esclerosis múltiple y lesiones medulares. Para tratarlos utilizan todo tipo de técnicas reflejas, de repetición, reaprendizaje, gimnasio, piscina, yoga, terapia con animales, etcétera.

Pero hace unos cuatro años, Ortín empezó también a investigar una nueva línea de trabajo con una idea en mente: recuperar las conexiones neuronales. Al quedar lesionados, los pacientes siguen sabiendo cómo mover una mano o un pie, pero sus conexiones neuronales son débiles y no consiguen hacerlo. La orden que el cerebro cree enviar, la de mover una mano o un pie, no obtiene resultado y la persona se siente frustrada. Peor aún, los mecanismos de plasticidad de las neuronas –su capacidad para aprender o desaprender algo- se activa de forma negativa. El motivo es que el cerebro está diseñado para ahorrar energía. El esfuerzo titánico que supone para ese órgano dañado intentar mover un miembro se convierte en un desencadenante fatal que puede acabar por borrar ese miembro, olvidándolo para centrarse en otros sanos. Así, por ejemplo, una persona diestra puede convertirse en zurda. En muchos casos conduce también al dolor fantasma.

En su investigación Ortín comprendió que la clave podía estar en las neuronas espejo, esas que hacen que bostecemos o nos rasquemos cuando la persona de enfrente lo hace. Para activarlas empezó a experimentar con técnicas de VR.  “Nos dimos cuenta de que la realidad virtual nos iba a permitir trabajar eso y evitar los mecanismos de compensación”, explica.  Diseñó un entrenamiento de observación motora para conseguir engañar al cerebro. Con las gafas puestas el paciente que trata de levantar la pierna recibe un feedback de su terapeuta –por ejemplo, electroestimulación- y ve cómo sus piernas, lo que el cerebro cree que son sus propias piernas, se mueven. Se produce congruencia y la sincronía es perfecta: el paciente cree y siente que se está realizando el movimiento.

Entonces Charo conoció a Lara, una paciente con una lesión medular grado 8 paralizada del esternón hasta abajo por un accidente de bicicleta. Lara pasó unos meses en el Hospital de Parapléjicos de Toledo y salió con un diagnóstico firme: no volvería a caminar. Pero en lugar de resignarse, acudió a Foren y anunció que su objetivo era levantarse de la silla. Había llegado el momento de pasar de la teoría a la práctica.

Empezaron a trabajar con materiales muy simples: vídeos caseros grabados en 2D y gafas muy básicas. Pero entonces Ortín descubrió que el espacio de realidad virtual que tiene la Fundación Telefónica en Madrid. Allí entró en contacto con el equipo de The Vrain, una compañía dedicada a crear experiencias inmersivas que le ofreció el material necesario para perfeccionar su sistema: vídeos de verdad inmersivos, una app sincronizada con las gafas Samsung Gear que permite desencadenar el estímulo en el momento justo en el que el paciente desea realizar el movimiento, etcétera. “Se juntó todo: teníamos la teoría, el equipo tecnológico que lo iba a hacer posible y a una persona dispuesta a probar lo que fuese”.

Lara se entrenó cada día con el sistema para que su sistema nervioso aprendiera y sus conexiones neuronales se reforzaran. Después de tres meses ocurrió el milagro: durante una sesión con realidad virtual, Lara movió el pie de verdad. Ahora han pasado dos años, Lara ya no usa la silla de ruedas en casa y puede andar pequeñas distancias. Su caso fue por primera vez presentado en la última edición del App Date dedicada a la realidad virtual.

Pero Lara no es la única que está probando el sistema. Todos los pacientes de Foren que cumplen los criterios de inclusión han entrado a formar parte del programa, y ya se están realizando los primeros experimentos medibles, series de casos con diferentes pacientes para valorar cómo mejora la función. Según el centro, pacientes que llegan al centro con una sensibilidad de 4-5 sobre 10 han llegado a alcanzar hasta un 9 tras pasar por el sistema de VR. El dolor fantasma desaparece y lo más importante, su ánimo se dispara. “La motivación es el 90% del tratamiento. Todos los días vemos entrar por la puerta a gente que lo está pasando muy mal porque le han dicho que no lo va a conseguir. Ser prudente está muy bien, es una virtud, pero hay que tener mucho cuidado con el mensaje que damos a las personas. Si un médico que te ha salvado la vida te dice que no vas a volver a andar eso te puede llevar a tirar la toalla. La rehabilitación es la medicina de la esperanza. Nosotros les advertimos a los pacientes de las dificultades, pero siempre decimos: vamos a intentarlo”.

Este no es ni mucho menos el primer proyecto de VR aplicado a la medicina, pero sí el primero, según Ortín, que hace realidad virtual real. Hasta ahora, explica, se ha trabajado con avatares, figuras que se mueven en la pantalla cuando el cerebro da la orden. El problema, explica, es que en esos casos “el cerebro sabe perfectamente que eso es un muñeco. Puede ser divertido y activar otras regiones del cerebro, pero no ayuda al tracto piramidal, a activar las regiones motoras. Nuestro proyecto es pionero porque incorpora la perspectiva en primera persona. El paciente se pone las gafas y sigue en el mismo sitio y ve sus piernas y sus brazos. Es virtual, pero es real”.

Su objetivo ahora es mejorar el sistema añadiéndole no solo movimiento, sino también interacción, y, sobre todo, llevarlo a los hospitales. Cuando hay una lesión neurológica, el primer mes es fundamental. “El cerebro empieza por sí mismo a limpiar la sangre y los restos del accidente y a regenerarse. Empieza a buscar respuestas: qué tengo que hacer, hacia dónde voy, cómo lo hago. Y lo que pasa durante esas semanas es que los pacientes están tirados en una cama de la UCI. Intentan moverse y no pueden. Es un mes crucial de reorganización de las neuronas que se pasan llorando y mirando al techo cuando podrían ponerse las gafas y empezar a trabajar desde el minuto uno”.

Su mayor obstáculo es el habitual en estos casos: la falta de recursos. “Los productos médicos son tremendamente costosos, en tiempo y en dinero. Utilizan materiales carísimos y necesitan una serie de homologaciones. Junto a los productos militares es lo más caro y difícil de sacar.  Me agobia, porque tengo la sensación de que vamos lentos. Hay pacientes con enfermedades que me han ayudado a desarrollar el sistema y no van a poder ver dónde llega. Si queremos ganar esa carrera la única solución es contar con aliados potentes que nos ayuden a avanzar a pasos de gigante, y no como hasta ahora, pasito a pasito”. Porque además las cosas, asegura, se empiezan a mover mucho más rápido. “Estamos en un momento dulce para el cerebro. Todos los días se publican estudios que nos aproximan más a su conocimiento. Hay técnicas de neuroimagen increíbles que nos permiten verlo en tres dimensiones y en tiempo real. Con la tecnología pasa lo mismo, está viviendo una revolución. De hecho, avanza más rápido que la medicina. Las posibilidades son infinitas”.

Lara tuvo un accidente de bicicleta y se fracturó la octava vértebra dorsal lo que le provocó paraplejia y lesión medular completa. Los médicos le dijeron que lo más probable era que no pudiera volver a caminar pero, un año y medio después y gracias Foren, un método de realidad virtual, Lara no utiliza la silla de ruedas en casa y en la calle anda más de 300 metros con andador.

 

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