Editorial 158. Herramienta útil contra la vulnerabilidad

A los que ya tenemos una cierta edad, a pesar que ya llevamos más de la mitad de nuestra vida a vueltas con el ordenador, nos seguimos asombrando cada día de la maravilla de internet. Los que pertenecemos a esa generación preconstitucional somos más conscientes de los cambios y, si nos paramos a reflexionar un poco, nos damos cuenta que hoy día vivimos al borde de la ciencia ficción. La gente no viste con papel de aluminio y los coches no vuelan (todavía, porque ya empiezan a conducir solos) como pensábamos en aquellos tiempos que ocurriría hoy, pero hay otros avances que no podíamos ni imaginar; y una de esas cosas, aunque ya lo asumimos como algo sabido y cotidiano, es Internet.

Eso de tener acceso instantáneo a la información es algo que, “in illo tempore”, nunca pensamos lo importante que llegaría a ser para la humanidad. En cualquier campo o disciplina resulta fundamental tener en todo momento a disposición de cualquiera que lo necesite y de forma súbita, toda la documentación posible sobre ese tema.

Poca importancia le damos a tener alcance rápido a la información aunque nos hayan repetido cientos de  veces eso de que “la información es poder”, pensamiento que algunos atribuyen a Francis Bacon. No obstante, quien tiene la sartén por el mango no es quien sabe donde encontrar determinado dato, antecedente, fuente o material, sino más bien quien sabe cómo usar aquello que encontró. Pero ese ya es otro asunto muy exhaustivo que debería ser tratado de una forma más concienzuda, en otro foro más apropiado, y no aquí en este humilde espacio y por este ignorante editorialista aficionado.

Todo esto viene a que el otro día navegando por la red, el que suscribe tuvo lo que se llama una serendipia. No, esto no es un síntoma grave de la ataxia, que con ese nombre bien podría ser. La serendipia es un descubrimiento o un hallazgo por accidente, por casualidad, inesperado y afortunado, de cosas que no se están buscando ni investigando, ni se preguntaba por ellas y que son la solución para otro problema que se tenía. Ejemplos típicos de esta palabreja son el descubrimiento de la penicilina, el descubrimiento de  América, los rayos X,  el microondas, la viagra, etc. Y, quizás algún día (toquemos madera) se descubra algo por serendipia que cure la ataxia… No nos caerá esa breva, porque para eso se necesita mucha suerte y la nuestra parece que ya está echada.

Pero bueno, retomemos el hilo narrativo que traíamos y dejémonos de ensoñaciones y elucubraciones oníricas que solo conducen a malos rollos. Decíamos que, navegando por la red en busca de otras cosas que no vienen al caso, un servidor encontró algo que le pareció todo un hallazgo, los llamados “Códigos Electrónicos”. Y le pareció algo tan útil, que su primer pensamiento fue compartirlo cuanto antes con sus amados lectores. Sí, uno es así despegado y buena persona que encuentra un verdadero tesoro y sólo piensa en los demás. ¡Qué le vamos a hacer!

Se trata de una serie de documentos recopilatorios de toda la legislación vigente del ordenamiento jurídico específica sobre un determinado tema. Estos códigos (que se pueden encontrar pinchando aquí) han sido realizados por el Boletín Oficial del Estado (B.O.E.) y cada uno de ellos se ofrece para su descarga gratuita en los formatos electrónicos PDF y ePUB, para facilitar su almacenamiento y lectura en dispositivos electrónicos diversos.

Hay muchos (142) y versan sobre diferentes temas, pero desde estas páginas, como no podía ser de otra forma, por ser quienes somos y por padecer lo que padecemos, desde aquí pues queremos recomendar la descarga del titulado “Código de la  discapacidad”.

Una herramienta que ayuda a tener a mano todo el corpus legislativo en relación con la discapacidad, y que sin duda nos servirá en alguna ocasión  para fundamentar cualquier reclamación cuando nos sentimos vulnerados en algún derecho, cosa por desgracia bastante común.

Este código está realizado en colaboración con el Foro Justicia y Discapacidad (organismo creado por el Consejo General del Poder Judicial en el año 2003 con la finalidad básica de coordinar las instituciones jurídicas del Estado para lograr una protección efectiva de los derechos fundamentales de las personas con discapacidad) y según prologan en la obra, esperan que esta compilación de normas jurídicas nacionales e internacionales facilite la búsqueda a aquellas personas que, con alguna discapacidad o sin ella, quieran hacer una primera aproximación a una cuestión que les preocupe o en la que estén interesados.

También nosotros esperamos que este documento sirva para que este, nuestro colectivo, sea menos vulnerable tanto en cuanto más combativo sea.

 

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