El cuerpo atáxico que quiere Concepto Bobath
POR SONIACORRESA Fuente, 21/05/2018

Este nuevo post es un regalo.

Los posts no se suelen regalar. Se suelen escribir y se suelen publicar.

Pero yo tengo mucha suerte.

Suerte porque cuento en mi vida con Belén Hueso Balaguer -mi Belenchu-, que, además de muchas otras cosas, me regala posts diciéndome -palabras textuales- “Te regalo un texto para que lo publiques en la web y  lo lean tus Bobathitos “. Bobathitos…. me encanta…. es un término inventado por ella y que dice mucho. Yo lo definiría como “dícese de aquellos terapeutas tiernos en la formación del Concepto Bobath”. No digo más, éste es el espacio de Belén, y me siento muy orgullosa de que así sea.

Gracias Belenchu

 

Cuando entré por primera vez en el gabinete tenía 12 años, y la última vez que salí -con un “¡hasta la semana que viene, Sonia!”- lo hacía con 23 años. Aquella primera mañana era una adolescente espigada, sin un gramo de  grasa, con un corte de pelo a lo chico y con unos andares atáxicos que no necesitaban ningún punto de referencia ni de apoyo más allá de su propio cuerpo. El otro día me despedí con la madurez que dan los años y las circunstancias, con varios kilos de grasa de más, con la melena teñida y sentada en una silla de ruedas; porque atáxicos ya no son sólo mis andares, también lo es mi cadera y mi tronco.

 

Mi ataxia hereditaria es muy distinta a una lesión en el cerebelo con una inevitable ataxia como consecuencia. Es una enfermedad degenerativa que implica afectación en el cerebelo, bulbo raquídeo, ganglios basales, varias vías medulares (tanto sensoriales como motoras), el tronco encefálico y corazón. Muchos factores añadidos que taponan al desequilibrio y dificultan el movimiento correcto. Y es por ello por lo que considero muy importante diferenciarlas.

La fisioterapia con el Concepto Bobath es muy distinta a la -poca- rehabilitación que había hecho durante los dos años anteriores, desde el diagnóstico: más allá del subir/bajar pierna, doblar/estirar rodillas o hacer abdominales. 

El Bobath no es pesado, no cansa; a pesar de requerir movimientos lentos y conscientes y trabajo en casa. Al paciente le gusta, y cuando lo prueba se vuelve firme en sus demandas, porque entiende y porque ha conocido lo bueno, nuevas sensaciones. 

Y al terapeuta, por lo que yo he visto en estos años, tampoco le cansa: ¡Imposible que se aburra conmigo! Siempre hay un tronco caído, un abdomen con hipotonía, unas piernas descontroladas o unos pies en garra.

La degeneración de mi ataxia es voraz, pero más voraz sería sin mis tratamientos semanales de Bobath. Sin esas estrategias a las que recurro para hacer ciertos movimientos del día a día. Sin la sensación de que he perdido varios kilos, en apenas una hora, y puedo moverme mejor; de que he crecido, o de que tengo más ancha la base de los pies y el apoyo es más seguro; o de que estoy montada, otra vez, con todas las “piezas” en su sitio, bien colocadas y unidas, cada una donde corresponde. 

Hoy por hoy esta terapia es vital, para mí y para otras muchas personas. Por eso me dan palmas las orejas cuando, fisioterapeutas recién titulados, me cuentan que se sienten atraídos por la neurorrehabilitación y les gustaría formarse en el Concepto Bobath.

Gracias por querer inmiscuiros en un mundo tan complejo. Gracias por darles una oportunidad a nuestro puñado de neuronas.