Editorial 160. Leer perjudica seriamente a la ignorancia.

Dicen los necios que a la lectura sólo hay que dedicarle los ratos perdidos, que se pierde vida mientras se lee. Lo cierto es que, agradable pasatiempo para muchos, obligación para otros, leer es un beneficioso ejercicio mental.

Favorecer la concentración y la empatía, prevenir la degeneración cognitiva y hasta predecir el éxito profesional son sólo algunos de los beneficios encubiertos de la lectura.

En este preciso instante, mientras nuestro asiduo lee este texto, el hemisferio izquierdo de su cerebro está trabajando a alta velocidad para activar diferentes áreas. Sus ojos atáxicos o no, con nistagmus o no, recorren el texto buscando reconocer la forma de cada letra, y su corteza inferotemporal, área del cerebro especializada en detectar palabras escritas, se activa, transmitiendo la información hacia otras regiones cerebrales. Su cerebro repetirá constantemente este complejo proceso mientras siga leyendo el texto.

Además de alimentar la imaginación y favorecer la concentración, la lectura ayuda a mejorar algunas habilidades sociales, como la empatía. Un ávido lector rápido aprende a identificarse con los personajes de las historias que lee y está más dispuesto a abrirse a otras vidas y ponerse en la piel del otro, que tanta falta hace en aras de la solidaridad, por ejemplo.

Sin lugar a dudas, al enfermo de ataxia en general le gusta leer porque el libro pone a su alcance diferentes mundos, vidas y aventuras que de otra forma, por sus circunstancias, no podría conocer. El lector atáxico gusta de leer con intensidad, despacio, con cuidado, viviendo la vida de las palabras, y al cobrar vida cada palabra, la imaginación echa a volar. Y este acto, según diferentes estudios psicológicos, es muy terapéutico para cualquiera pero más para nosotros porque el poder de la mente es tan fuerte que recrea lo imaginado, activando las mismas áreas cerebrales que se accionarían si se ejecutara la acción en la realidad. Se estimulan zonas del cerebro que no funcionarían de otra forma.

Por suerte, al que suscribe le gusta leer. No puede decir aquello de que siempre, desde la más tierna infancia, tuvo un buen libro entre las manos, aunque esa aseveración queda muy de intelectual y deja a uno en un puesto muy alto en el ranking de la erudición. Pero lo que no es, no es, y además se pilla antes a un mentiroso que a un atáxico con silla eléctrica uniblock de 10 km/h.

Cómo tantos de su generación fue lector por obligación. Buena forma de desfavorecer un buen hábito… No obstante, dicen los que saben qué quizá porque sea un refugio ideal, la lectura le llega a cada uno en su momento, es decir cuando uno siente la necesidad de libertad, evasión, diversión, etc.

Lo cierto es, por un cúmulo de razones que no vienen al caso y que sería muy largo de explicar, que un servidor es uno de los llamados “lectores tardíos”. No obstante desde hace ya mucho tiempo, y dado que el efecto narcótico-adictivo de la lectura hace que una vez que entra en el cuerpo sea difícil de abandonar, este sujeto que les aburre mensualmente necesita como el respirar imbuirse entre las páginas de un libro.

El que lee suele recomendar lo que acaba de leer si le ha gustado. Y es por ello que desde estas líneas nos gustaría recomendar para el mundo atáxico un libro titulado “El legado de Marie Schlau”, que se trata de una novela que tiene como hilo conductor la Ataxia de Friedreich. Es una obra colectiva, escrita ni más ni menos que a 17 manos. Si ya es difícil escribir un ensayo entre varios y que tenga una mínima coherencia, ni que decir tiene la extraordinaria labor de coordinación para que la historia tenga esa continuidad que exige este género literario, y que no se note prácticamente la forma de escribir y narrar de cada uno de los autores.

Más valor tiene cuando sus autores pertenecen a culturas distintas y viven en diferentes puntos geográficos, a miles de kilómetros de distancia, con pocas posibilidades de reunirse presencialmente. Y por si esto fuera poco, el que 13 de esas manos sean atáxicas le proporciona al trabajo un valor añadido.

Se recomienda este libro porque está bien escrito, bien documentado y describe perfectamente lo que siente el enfermo en el transcurso de su enfermedad por un lado y sus amigos y familiares por otro, pero sin dejar de lado la historia de ficción que marca el ritmo de la novela. Además en este caso, también se recomienda el libro porque este proyecto ha sido auspiciado por BabelFAmily y tiene como fin recaudar fondos (el 100% del precio de cada libro) destinados a la investigación biomédica sobre la Ataxia de Friedreich.

Es una buena forma de obtener los inequívocos beneficios de la lectura y a la vez colaborar activamente en buscar una cura para la ataxia.

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